Ella te invitará a que le cortes la cabeza
pondrá la espada en tu mano
y sobre un campo de flores carcomidas por los pájaros
el mistérico trazo de su sonrisa
será cubierta por el lento paso de su sangre goteando como perlas
cuyas cuentas reflejen los días
Mirarás así las nubes transcurridas,
los pétalos que se sostenían firmes de sus coronas
y la tempestad de su alma encontrará reposo,
en un lecho de hielo permanente
Deja ya de balancearte en la soga pajarillo áureo
tus dedos largos y frágiles
miran aquel capullo rojo que sobre el tallo pendula,
desde el fondo blanco del agua petrificada tus labios eran carne viva
donde giraba el remolino
Tu cuerpo ahora danza decapitado
la herrumbre perpetua de mi mano en tu contorno
el talle de la daga sobre la arena sin fin, un aullido extenso se deshilvana
el garfio dentro, amarrado a un cabo
No existe ciego que guíe a otro ciego
Tu, convertida en sal
y en la oscuridad un relámpago que ilumina mi brazo
La miseria y el acto sobrenatural
La lenta deglución de las oropéndolas y los cartuchos
El jardín vacío
En mí los rastros de tu sangre
tus ojos picoteados por los cuervos
la espada que cae y forma un puente hacia lo desconocido
21.03.14
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